lunes, 9 de mayo de 2011

La vena imprudente

Capítulo 14 “La vena imprudente”

—Creo que daremos una fiesta de bienvenida a casa para Edward —reflexionó Kate al día siguiente, dándose toquecitos con una uña en los dientes. —Nadie se atreverá a excusarse, porque entonces yo sabré exactamente quiénes son. De esta manera se verán obligados a ser educados con él y nos quitaremos de en medio todos esos incómodos primeros encuentros al mismo tiempo.
Había momentos en los que Bella se veía obligada a recordar que aunque hacia más de sesenta años que Kate se había casado, había entrado a formar parte de la familia y se consideraba una Denali de mente y corazón, si arañabas la superficie encontrabas una Cullen. Los Cullen eran, sobre todo, tenaces y audaces. Puede que no siempre fueran correctos, pero eso no siempre tenía importancia, de todas formas. Una vez decidido el objetivo y la forma de alcanzarlo, derribaban todos los obstáculos que se interpusieran en su camino. El objetivo de Kate era rehabilitar a Edward y restaurarlo de nuevo en su posición en el condado y no le importaba sacar la artillería pesada para conseguir su objetivo.
La pertenencia a los mejores círculos en las Quad Cities no dependía necesariamente de cuánto dinero tuvieras, aunque ayudaba. Algunas familias de modestos ingresos pertenecían a este selecto estrato social, por tener entre sus antepasados a un combatiente de la Guerra y no se refería a ninguna de las Guerras Mundiales. Algunos de la joven generación se referían a ella como la Guerra Civil, pero los más refinados la llamaban la Guerra de la Agresión  Norteña, y los más refinados de todos como la Pasada Desavenencia.
Los socios de negocios inmediatamente se darían cuenta de cómo estaban las cosas con respecto a los Denali y tratarían a Edward como si nada hubiera pasado. Después de todo, no había sido detenido ni acusado, así que ¿por qué la muerte de su esposa iba a ser un impedimento para continuar con su asociación?
Sin embargo, aquellos que dirigían el cotarro social, se adherían a unos estándares más estrictos. Edward no sería invitado a las comidas y actos sociales donde tantos negocios eran discutidos y quedaban cerrados, lo cual resultaría una desventaja para los intereses de los Denali. Kate se preocupaba por el dinero, pero se preocupaba aún más por Edward y estaba determinada a que no le dieran de lado. Los invitaría a todos a su casa y todos acudirían porque eran sus amigos. Estaba enferma y puede que esta fuera la última fiesta que celebrara. Típico de Kate utilizar su inminente fallecimiento como un medio para conseguir sus propósitos. Puede que esto no les gustara a sus amigos, pero vendrían. Incluso serían corteses con Edward bajo su propio techo; aunque técnicamente seguía siendo el techo de Kate, todo el mundo asumiría que Edward había regresado a casa para reclamar su herencia, lo cual había hecho, así que pronto sería suya. Y habiendo aceptado su hospitalidad, se verían obligados a brindarle la suya.
Una vez que esto ocurriera, fingirían no haber dudado nunca de él, y sería bienvenido en todas partes. Después de todo, no puedes vilipendiar a alguien tras haberlo invitado a tu casa. Eso era algo que, simplemente, no se hacía
—¿Has perdido la cabeza? —exigió Maggie. —No vendrá nadie. Seremos humillados.
—No seas tonta. Por supuesto que la gente asistirá, no se atreverán a no hacerlo. Ayer fue todo bien con el señor Whitten ¿verdad Bella?
—El señor Whitten vive en Huntsville —replicó Maggie, salvando a Bella de la necesidad de dar una respuesta. —¿Qué sabrá él?
—Sabía lo que había pasado, eso era obvio en su cara. Pero al ser un hombre inteligente, decidió que si nosotros tenemos fe en Edward, entonces aquellas horribles acusaciones no podían ser ciertas. Que no lo eran. —Dijo Kate, con firmeza.
—Yo estoy de acuerdo con Mamá —dijo Jessica. —Piensa en la vergüenza.
—Tú siempre estás de acuerdo con ella —contestó Kate, con un brillo de batalla en los ojos. Ya había tomado una decisión y no estaba dispuesta a dejarse desviar de ella. —Si alguna vez discreparas, entonces tu opinión tendría más peso, querida. Ahora bien, si hubiera sido Bella quien me dijera que mi fiesta era una mala idea, me sentiría mucho más inclinada a escuchar.
Maggie resopló. —Como si Bella alguna vez discrepara contigo.
—Bien, lo hace bastante a menudo. Raras veces vemos de la misma forma los detalles de una decisión de negocios. Y me duele confesar que ella tiene razón más a menudo que no.
Puede que no fuera una completa mentira, pensó Bella, pero tampoco era exactamente la verdad. Ella nunca discutía con Kate; de vez en cuando veía las cosas de forma diferente, pero simplemente daba su opinión y era Kate quien tomaba la decisión final. Esto estaba muy lejos de estar abiertamente en desacuerdo.
Las tres se giraron hacia ella, Kate abiertamente triunfal, y Maggie y Jessica disgustadas porque su opinión fuera a prevalecer sobre la de ellas.
—Creo que esto debería ser decisión de Edward —dijo ella, calmadamente. —Él es quién tendrá que soportar el escrutinio.
Kate frunció el ceño. —Cierto. Si no está de acuerdo, no hay ni siquiera razón para hablar de ello. ¿Por qué no se lo preguntas querida? Tal vez tú puedas conseguir que despegue su atención de la pantalla del ordenador durante cinco minutos.
Habían hecho una pausa para el almuerzo y ya habían terminado de comer, pero ahora disfrutaban de un té frío. Edward había pedido que le llevaran un par de sándwiches y café mientras seguía trabajando. Se había quedado en el estudio hasta las once la noche anterior y se había levantado a las seis para retomar su lectura de los informes. Bella lo sabía porque había estado despierta en ambas ocasiones, silenciosamente acurrucada en su sillón y viendo las horas pasar. Había sido una noche particularmente mala; no había dormido en absoluto y ahora estaba tan cansada que se temía que caería en un profundo sueño cuando se acostara. Era en esas ocasiones cuando con mayor probabilidad se despertaría en otra parte de la casa sin recordar cómo había llegado allí.
Era la presencia de Edward la que la había perturbado hasta el punto de que no había podido dar ni una cabezada. Tanto ella como Kate habían trabajado junto a él la noche anterior, repasando informes, hasta que Kate estuvo demasiado cansada y se fue a acostar. Después de eso, a solas con él en el estudio, Bella se había sentido cada vez más incómoda. ¿Preferiría él no estar a solas con ella después de lo que había pasado? ¿Pensaría que se estaba ofreciendo a si misma al quedarse allí sin la amortiguadora presencia de Kate?
Menos de una hora después se había disculpado y se había marchado a su habitación. Se dio un baño para calmar sus agotados nervios y luego se acomodó en su sillón para leer. Las palabras del libro parecían no tener sentido, no podía concentrarse en ellas. Edward estaba en la casa. Había trasladado sus cosas al cuarto contiguo al suyo. ¿Por qué lo habría hecho? Él se lo había dejado muy claro en Nogales, no estaba interesado en mantener una relación con ella. Había otros tres dormitorios que podría haber usado, pero había elegido aquel. La única explicación que se le ocurría era que simplemente no le importara tenerla al lado; su proximidad no tenía interés para él de ninguna manera.
Trataría de no cruzarse en su camino en la medida que le fuera posible, pensó. Le mostraría todos los expedientes en curso, contestaría a cualquier pregunta o duda que tuviera, pero, aparte de eso, no lo molestaría.
A las once lo oyó en el cuarto de al lado y vio la franja de luz que se filtró hacia la galería. Se había estirado y había apagado su lámpara para que él no viera su propia luz y supiera que todavía estaba despierta después de haber alegado estar muy cansada para poder marcharse una hora y media antes. En la oscuridad, se recostó, cerró los ojos, y lo escuchó moverse por la habitación, imaginando  en su mente lo que hacía.
Oyó la ducha, y supo que estaba desnudo. Su corazón comenzó a palpitar ante el recuerdo de su alto, duro y musculoso cuerpo y sus senos se estremecieron. Apenas podía creer que realmente hubiera hecho el amor con él, que había perdido su virginidad en una habitación de un motel barato cerca de la frontera mexicana, y que esto fuera, probablemente lo más cerca del cielo que fuera a estar nunca. Pensó en el rizado vello que cubría su pecho y en la esbeltez de sus nalgas. Recordó cómo sus poderosos muslos, ásperos por el vello, habían mantenido los suyos abiertos de par en par, cómo ella había clavado sus dedos en el profundo valle de músculos de la parte baja de su espalda. Durante una maravillosa  noche  había yacido en sus brazos y conoció tanto el deseo como la culminación.
La ducha se apagó, y unos diez minutos después el charco de luz sobre la galería se extinguió. A través de las puertas-ventanas abiertas de su habitación había oído el chasquido cuando él abrió las suyas para dejar entrar el aire fresco de la noche. ¿Estaría todavía desnudo? ¿Dormiría desnudo o en ropa interior? Tal vez llevaba puestos los pantalones del pijama. La sorprendió la idea de que hubiera vivido en la misma casa con él desde los siete a los diecisiete años, y no supiera si se ponía algo para dormir.
Entonces se hizo el silencio. ¿Estaría en la cama, o permanecía allí de pie contemplando la tranquila noche? ¿Habría salido a la galería? Posiblemente fuera descalzo; no habría podido oírlo. ¿Estaría allí ahora mismo? ¿Había mirado hacia la derecha y notado que sus puertas estaban abiertas?
Finalmente, con los nervios de punta, Bella se había deslizado hasta las puertas y echado un vistazo al exterior. Nadie, ni desnudo ni vestido, estaba en la galería disfrutando de la noche. Tan silenciosamente como le fue posible había cerrado sus puertas y había regresado al sillón. Sin embargo, el sueño la eludió, y de nuevo había soportado el lento paso del tiempo.
—¿Bella?— la trajo de vuelta Kate, y Bella se percató de que había estado allí sentada, soñando despierta.
Murmurando una vaga disculpa, empujó atrás su silla. Tenía una reunión a las dos con los organizadores de este año del Festival W.C. Handy de Agosto, así que asomaría la cabeza por la puerta del estudio, le preguntaría a Edward su opinión sobre el plan de Kate, y escaparía escaleras arriba para cambiarse de ropa. Quizás, para cuando regresara, él se habría cansado del papeleo y no tendría que soportar otra tarde de exquisita tortura, sentados codo con codo, escuchando su voz profunda, maravillándose de la velocidad con la que él asimilaba la información; en resumen, deleitándose con su presencia y preguntándose al mismo tiempo si pensaba que ella se sentaba demasiado cerca o que se aprovechaba demasiado de cualquier oportunidad de inclinarse sobre él. Incluso peor, ¿deseaba él que ella simplemente se marchara y desapareciera de su vista?
Cuando abrió la puerta, él alzó inquisitivamente la mirada de los papeles que tenía en su mano. Estaba recostado en su sillón, dueño de su espacio, con las botas cómodamente apoyadas sobre el escritorio.
—Lo siento —balbució ella. —Debería haber llamado.
Él la contempló en silencio durante un largo momento, sus cejas cobrizas se fruncieron sobre su nariz. — ¿Por qué?— preguntó finalmente.
—Esto es tuyo ahora. —Su respuesta fue formulada con sencillez, sin inflexión.
Él bajó los pies del escritorio. —Entra y cierra la puerta.
Ella entró, pero permaneció de pie junto a la puerta cerrada. Edward se puso en pie y rodeó el escritorio, después se apoyó contra el borde con los brazos cruzados sobre el pecho y las piernas estiradas. Era una postura negligente, pero aunque su cuerpo estaba relajado, su mirada era aguda mientras la escudriñaba.
—Tú no necesitas llamar nunca a esta puerta —dijo finalmente. —Y vamos a dejar clara una cosa ahora mismo: no te estoy sustituyendo a ti, sustituyo a Kate. Has hecho un buen trabajo, Bells. Ya te dije ayer que sería un idiota si te dejara fuera de la toma de decisiones. Tal vez pensaste que  podrías pasarte todo el día con los caballos ahora que estoy de vuelta, y sí que tendrás más tiempo para ti, te lo prometo, pero sigues siendo necesaria aquí también.
Bella parpadeó, aturdida por este giro de los acontecimientos. A pesar de que él le había dicho eso después de la reunión con el Comisionado, ella no creyó que lo hubiera dicho realmente en serio. Una parte de ella lo había catalogado automáticamente como el tipo de cosas que Edward solía hacer cuando ella era pequeña, tranquilizándola para impedir que se apenara, fingiendo que ella era importante para alguien o algo. Había dejado de creer en cuentos de hadas la noche la noche en que se había deslizado sobre un charco de sangre. Probablemente, había creído que podría poner a Edward al día, y luego su utilidad llegaría al final. Él se había ocupado sólo de todo antes de…
Su mente se detuvo en seco, con un respingo. No, eso no era cierto. Él había asumido la mayor parte de las responsabilidades, pero Kate había seguido implicada. Y eso fue antes de que también tuviera que ocuparse de su propiedad en Arizona. Un silencioso regocijo la recorrió, caldeando los rincones de su corazón, que ya había comenzado a helarse mientras se preparaba interiormente para asumir la idea de ser sustituida. Realmente la necesitaba.
Dijo que había hecho un buen trabajo. Y la había llamado Bells.
Seguía contemplándola con penetrante concentración. —Si no sonríes —dijo suavemente, —no podré saber si estás contenta o no.
Ella se lo quedó mirando perpleja, buscando en su rostro alguna pista de lo que realmente había querido decir. ¿Sonreír? ¿Por qué iba a querer él que ella sonriera?
—Sonríe —la incitó. —Recuerdas lo que es una sonrisa ¿no? Las comisuras de la boca se curvan así… —Alzó las comisuras de su propia boca con los dedos para demostrárselo. —Es lo que hace la gente cuando se siente feliz. Odias el papeleo ¿es eso? ¿No quieres ayudarme?
Vacilando ella estiró los extremos de la boca, curvándolos hacia arriba. Fue una pequeña sonrisa, breve y dubitativa, apenas esbozada antes de desaparecer y se quedó mirándolo solemnemente una vez más.
Pero evidentemente eso era lo que él deseaba, —Bien —dijo él, enderezando su relajada posición. — ¿Estás lista para volver al trabajo?
—Tengo una reunión a las dos. Lo siento.
    ¿Qué clase de reunión?
—Con los organizadores del Festival Handy.
Él se encogió de hombros, perdiendo el interés. Edward no era fan del jazz.
Bella recordó por qué estaba allí. —Kate me ha enviado para preguntarte qué opinas sobre celebrar una fiesta de bienvenida.
Él soltó una breve carcajada, comprendiendo de inmediato las implicaciones. —Continúa al ataque, ¿eh? ¿Están Maggie y Jessica tratando de disuadirla?
No pareció necesitar una respuesta, o su silencio fue la respuesta suficiente. Lo meditó durante unos cinco segundos. —Adelante, ¿por qué demonios no? Me importa un carajo si eso hace sentir incómodo a todo el mundo. Dejé de preocuparme hace diez años por lo que la gente pensara de mí. Si alguien cree que no soy lo bastante bueno para tratar con ellos, entonces me llevaré los negocios de los Davencourt a otra parte; se lo tendrían merecido.
Ella asintió y asiendo el picaporte, se escabulló antes de que él pudiera hacerle más peticiones extrañas, como la de que sonriera.
Edward regresó a su asiento, pero no retomó de inmediato el informe que había estado estudiando antes de la entrada de Bella. Se quedó contemplando el lugar donde había estado parada, suspendida como un cervatillo a punto de de huir. Todavía le dolía el pecho al recordar su patético remedo de una sonrisa y el atisbo de temor que hubo en sus ojos. Era difícil leer su expresión ahora, se mantenía escondida en su interior y apenas respondía al mundo exterior. Esto lo crispaba, porque la Bella que recordaba era una de las personas más extrovertidas que había conocido. Si ahora quería saber cómo se sentía respecto a cualquier cosa, tenía que estar profundamente pendiente de cada matiz de su expresión y de su lenguaje corporal, antes de que ella pudiera sofocarlos.
Se había quedado atónita cuando le había dicho que seguía necesitando su ayuda. Dio las gracias mentalmente a Kate por darle la clave para manipular a Bella. La idea de que alguien la necesitara llegaba a su interior como ninguna otra cosa y no podía evitar responder. Durante una fracción de segundo había vislumbrado la asombrada y pura felicidad que había brillado en lo más profundo de sus ojos, y luego había sido tan velozmente escondida que si deliberadamente no hubiera estado mirándola con fijeza, le habría pasado desapercibida.
Había mentido. Podía manejarlo todo sin su ayuda. Incluso con la carga añadida de su propiedad en Arizona. Se crecía con la presión, su nivel de energía parecía aumentar al ritmo que su tiempo decrecía. Pero ella necesitaba sentirse necesaria, y él necesitaba estar cerca de ella.
La deseaba.
La frase palpitó como una reverberación en su mente, por sus venas, por cada una de las células de su cuerpo. Deseo. No la había tomado en Nogales por venganza o debido a aquel maldito trato que había hecho con ella, ni siquiera por no herir sus sentimientos echándose atrás después de ir tan lejos. La simple verdad era que la había tomado porque la deseaba y era lo bastante despiadado para usar cualquier medio necesario para conseguirla. El tequila no era excusa, aunque hubiera aflojado el control que mantenía sobre sus instintos más incivilizados.
Había permanecido tumbado en su cama la noche anterior, sin poder dormir, pensando en ella en la habitación de al lado, preguntándose si estaría despierta, su maldita imaginación volviéndolo loco.
Saber que podía tener Bella en el momento que quisiera era un afrodisíaco más poderoso que cualquier otro que se hubiera descubierto o inventado. Todo lo que tenía que hacer era dejar la cama y salir a la galería, para deslizarse después a través de las puertas de su habitación. Ella tenía insomnio; estaría despierta, viendo como se acercaba a ella. Podría simplemente meterse en la cama y ella lo recibiría en sus brazos, en su cuerpo, sin preguntas ni vacilaciones.
Sueños eróticos sobre aquel beso que habían compartido hacía tanto tiempo habían atormentado sus noches durante años. Eso había sido bastante malo, pero los sueños eran sólo imaginación. Ahora que sabía exactamente lo que se sentía al hacer el amor con ella, ahora que la realidad había desplazado a la imaginación, la tentación era constante, un hambre que crecía incesantemente y amenazaba con despedazar su autocontrol.
Dios, ella había sido tan dulce, tan tímida, y tan malditamente estrecha que quedaba empapado en sudor recordando cómo se había sentido al entrar en ella. No había dejado de mirarla mientras le hacía el amor y vio la expresión de su rostro, cómo el delicado rosado de sus pezones se oscurecía por la excitación. Incluso a pesar de que le había hecho daño, se había aferrado a él, arqueando las caderas para tomarlo más profundamente aún. Había sido tan fácil llevarla al clímax que se había sentido cautivado, deseando hacerlo muchísimas veces más y así podría mirar su cara mientras se estremecía, sentir su cuerpo contrayéndose y palpitando alrededor de él.
La noche había resultado una exquisita tortura, y él sabía que libraría la misma batalla cada noche, con su frustración aumentando por minutos. No sabía cuánto tiempo podría soportar antes de que su autocontrol se quebrara, pero por el bien de Bella tenía que intentarlo.
Llevaba de regreso en Davencourt poco más de veinticuatro horas, y la había tenido dura durante lo que parecía la mayor parte de ese tiempo, sobre todo el tiempo que había pasado en compañía de ella. Si hubiera mostrado la más mínima inclinación a coquetear con él, dado la más somera señal de que también lo deseaba, probablemente no podría haber resistido la tentación. Pero Bella había parecido totalmente inconsciente de él como hombre, a pesar de las horas que habían pasado juntos en la cama. La idea lo enfurecía, pero lo que le parecía más probable es que se hubiera acostado con él solamente para conseguir que regresara a Davencourt.
Pero esa idea, en vez de disipar su ardor, sólo lo intensificó. Deseó echársela al hombro y llevársela para una sesión de ardiente y perezoso sexo, en una cama bañada por la luz del sol demostrándole que ella lo deseaba a él, y que Davencourt y Kate no tenían nada que ver con ello. El hecho era, que en lo que respectaba a Bella, sus instintos sexuales se tornaban tan malditamente primitivos que no le extrañaría empezar a gruñir y a golpearse el pecho con los puños en cualquier momento.
Y eso tan solo después de un día.
El rencor que había sentido por ella durante todos esos años había desaparecido. Tal vez quedó destruido durante la noche que habían pasado juntos y simplemente no se dio cuenta en el momento.  El hábito era algo poderoso; estabas tan acostumbrado a algo, que esperabas que siguiera estando allí incluso cuando ya había desaparecido. Si hubiera quedado algún vestigio, ella lo demolió a la mañana siguiente con su serena dignidad y la completa impotencia con la que le había dicho, —Lo único que tenías que hacer era chasquear los dedos y yo habría acudido corriendo. —No muchas mujeres se habrían entregado así a sí mismas; ninguna que él conociera, de hecho, excepto Bella. Se había quedado asombrado por el coraje que habría necesitado ella para decir algo así, sabiendo que era un arma que depositaba en sus manos y tal vez se sintiera inclinado a usarla.
No lo estaba. Levantó la mano y chasqueó los dedos, observando el gesto. Así. Podría tenerla así de fácil. La deseaba, Dios sabía que la deseaba tanto que le dolía. Pero lo que más deseaba, incluso más de lo que ansiaba hacerle el amor, era verla sonreír otra vez.


Mientras conducía de regreso a casa aquella tarde, Bella estaba agotada. Por lo general encontraba las reuniones de los comités terriblemente aburridas, y ésta, además, se había prolongado durante horas debatiendo los detalles más insignificantes. Como de costumbre, había permanecido silenciosamente sentada, aunque esta vez hubiera estado más concentrada en mantenerse erguida y con los ojos abiertos que en lo que la gente decía.
Cuando giró hacia el sur en la Autopista 43, el sol y el calor eran más de que lo que podía soportar. Parpadeó somnolienta, alegrándose de estar tan cerca de casa. Era casi la hora de cenar, sin embargo, lo que ella planeaba era descansar una siesta. Podía comer siempre que quisiera, pero el sueño era algo mucho más difícil de conseguir y mucho más valioso.
Giró hacia la derecha por una carretera secundaria, y aproximadamente una milla después giró a la izquierda por el camino privado que llevaba a Davencourt. Si no hubiera tenido tanto sueño, conduciría más rápido, y no se habría percatado del borroso movimiento que captó con el rabillo del ojo. Redujo la marcha aún más, girando la cabeza para ver lo que había llamado su atención.
Al principio sólo vio al caballo, encabritándose y desplomándose, y su primer  pensamiento fue que había perdido a su jinete y se había escapado, y ahora las riendas se le habían enredado en algún matorral. Olvidó su cansancio mientras la urgencia invadía sus músculos. Frenó de golpe, puso la palanca en punto muerto, y saltó del coche, dejando el motor en marcha y la puerta abierta. Podía oír el dolor y el miedo en los relinchos del caballo cuando se encabritó otra vez.
Bella no pensó en sus caros zapatos  ni en su vestido de seda. No pensó en nada excepto en llegar hasta el caballo antes de que se hiriera a sí mismo. Saltó por encima de la zanja poco profunda del otro lado del camino, y corrió torpemente a través del pequeño campo hacia los árboles, los tacones de sus zapatos hundiéndose en la tierra a cada paso. Se sumergió hasta las rodillas en los hierbajos que le arañaron las piernas, se enganchó las medias en unas zarzas, y se torció un tobillo al pisar un agujero. Hizo caso omiso de todo esto mientras corría tan rápido como podía, toda su atención centrada en llegar junto al animal.
Entonces el caballo se deslizo a un lado, y vio al hombre. No lo había visto antes porque estaba al otro lado del animal, y la maleza había bloqueado parcialmente su visión.
Las riendas del caballo no estaban enredadas en nada. El hombre las agarraba con un puño, y en el otro sostenía una rama de árbol con la que estaba golpeando al caballo.
La furia retumbó en su interior, bombeando adrenalina a sus músculos. Se oyó  gritar a sí misma, vio al hombre mirar en su dirección con expresión de susto, y entonces surgió sobre la maleza y lanzó todo su peso contra él, golpeándolo de costado. No podría haberlo hecho si él la hubiera visto y se hubiera preparado, pero lo pilló desprevenido. —¡Basta!— gritó furiosa, colocándose entre él y el asustado caballo. —¡No se atreva a golpear a este animal otra vez!
Él recobró el equilibrio y se giró hacia ella, agarrando la rama como si fuera a usarla contra ella. Bella registró el peligro en su rostro, la venenosa cólera en sus ojos, pero se mantuvo firme. Su retraimiento emocional no incluía quedarse cruzada de brazos mientras cualquier animal, en especial un caballo, era maltratado. Se preparó a sí misma para resistir, esperando a que él la atacara. Si lo embestía, podría asestarle un golpe y tal vez hacerle perder el equilibrio de nuevo.  En ese caso, no tardaría ni un segundo en montar al caballo y largarse tan rápido como pudiera.
Sus ojos eran de un ardiente azul eléctrico cuando dio un paso hacia ella, con el brazo levantado y listo para golpear. Su rostro estaba congestionado y sus labios retraídos sobre sus dientes en un gruñido. —¡Maldita putita….!
—¿Quién es usted?— exigió Bella, avanzando medio paso hacia él para demostrar que no le tenía miedo. Era un farol, estaba súbitamente aterrorizada, pero la furia en su interior era todavía tan fuerte que la mantuvo firme. —¿Qué hace en nuestra propiedad?
Tal vez él se pensó mejor lo de golpearla. Por lo que fuera, se detuvo, aunque fue lento en dejar caer el brazo. Retrocedió unos pasos, respirando con fuerza y fulminándola con la mirada. —¿Quién es usted?— exigió ella otra vez. Algo en él le era extrañamente familiar, como si hubiera visto aquella expresión antes. Pero sabía que no lo había visto en su vida, pensó que lo recordaría, porque aquellos ojos intensamente azules y el espeso cabello canoso eran muy distintivos. Era un hombre  corpulento, probablemente en la cincuentena, cuyos amplios hombros y pecho como un barril daban la impresión de una fuerza casi brutal. Lo que más la perturbó, sin embargo, fue la sensación de maldad que emanaba de él. No, maldad no. Era más impersonal que eso, como una simple y total carencia de conciencia o moralidad. Eso era. Sus ojos, a pesar de su intenso colorido, eran fríos y vacíos.
—Quién soy no es asunto suyo —se mofó él. —Y tampoco lo que estoy haciendo.
—Cuando lo hace en la tierra de los Denali, lo es. No se atreva a golpear a este caballo otra vez, ¿me oye?
—Es mi caballo, y haré lo que me de la maldita gana. El bastardo me tiró.
—Entonces tal vez debiera aprender a montar mejor a caballo —replicó ella, airadamente. Se dio la vuelta para agarrar las riendas que colgaban y murmurar dulcemente al caballo, después le acarició el cuello. Este resopló nerviosamente, pero se calmó cuando ella siguió acariciándolo suavemente. El caballo no era un valioso ejemplar de pura raza como los adorados ejemplares de Kate; era de raza indeterminada, sin rasgos sobresalientes, pero Bella no veía ninguna razón para que fuera maltratado.
—Por qué no se ocupa de sus asuntos, señoritinga, y me olvidaré de enseñarle algunas maneras.
La amenaza en su voz la hizo girarse. Estaba más cerca, y en su mirada ahora había una expresión salvaje. Con rapidez, Bella retrocedió, maniobrando de modo que el caballo quedara entre ella y el hombre.
—Márchese de nuestra tierra —dijo, con frialdad. —O le haré detener.
Su boca perversamente sensual se retorció en una nueva mueca de desprecio. —Apuesto a que sí. El sheriff es un lameculos, especialmente cuando se trata del trasero de un Denali. No le supondrá ninguna diferencia que no supiera que estaba en su preciosa propiedad, ¿verdad?
—No cuando estaba maltratando a su caballo —contestó Bella, en tono aún helado. –Ahora márchese.
El sonrió desdeñosamente. —No puedo. Todavía tiene mi caballo.
Bella dejo caer las riendas y retrocedió otro cauteloso paso. —Ya está. Ahora márchese de nuestra propiedad y si lo vuelvo a ver maltratando a otro animal, lo haré detener bajo la acusación de crueldad. Puede que no sepa su nombre, pero puedo describirlo, y no debe haber mucha gente con su aspecto. —Nadie que ella supiera; sus ojos eran muy característicos.
El volvió a adoptar una expresión furiosa y la violencia volvió a aparecer en aquellos ojos, pero evidentemente se lo pensó mejor y se limito a tomar las riendas. Se encaramó a la silla de montar con un mínimo esfuerzo, lo que lo reveló como un jinete experimentado. —Hasta la vista —se burló, y clavó los talones en los flancos del caballo. El animal, sobresaltado, saltó hacia delante, pasando tan cerca de ella que la habría derribado si no se hubiera apartado de un salto.
Cabalgó en dirección a la carretera, inclinándose para evitar las ramas bajas que colgaban. Estuvo fuera de su vista en un momento, aunque le llevó más tiempo dejar de oír el sordo sonido de los cascos del caballo.
Bella se acercó a un robusto roble y se dejó caer contra él, cerrando los ojos y estremeciéndose.
Esa había sido una de las cosas más estúpida y temeraria que había hecho en su vida. Había tenido muchísima suerte y lo sabía. Aquel hombre podría haberla herido seriamente, violarla, o incluso matarla…cualquier cosa. Se había metido de cabeza en una situación peligrosa sin pararse a pensar. Esa impulsividad había sido la causa de la mayoría de sus problemas en la infancia y había sido el detonador de la trágica muerte de Tanya y de la marcha de Edward.
Creía que su vena imprudente había quedado destruida para siempre, pero ahora se encontró con que, para su consternación, seguía al acecho profundamente enterrada en su interior, pero lista para saltar a la superficie. Probablemente habría surgido antes, si algo la hubiese hecho enfadar. Pero los caballos no eran maltratados en Davencourt, y hacía muchísimo tiempo que no se permitía interesarse por casi nada en absoluto. Edward se había marchado, y una interminable procesión de días se habían sucedido insípida y monótonamente.
Seguía temblando por las secuelas del miedo y la furia, y las piernas casi no la sostenían. Respiró profundamente varias veces, tratando de obligarse a tranquilizarse. No podía irse a casa así, con su autocontrol pendiendo de un hilo. Cualquiera que la viera sabría qué había pasado algo, y no tenía ganas de relatar todo el asunto y soportar las recriminaciones. Sabía que había sido una estúpida, y muy afortunada.
Pero sobre todo, no quería que nadie la viera alterada. Se sentía avergonzada y aterrorizada por esta inesperada vulnerabilidad. Tenía que protegerse mejor. No podía hacer nada acerca de su permanente debilidad en lo que se refería a Edward, pero ninguna otra de sus defensas internas podría soportar otra grieta.
Cuando sintió las piernas lo bastante firmes, abandonó el bosque y vadeó el campo de maleza, teniendo cuidado esta vez de evitar las zarzas. El tobillo derecho le palpitaba de dolor, recordándole que se lo había torcido.
Cuando llegó hasta su coche, se sentó de costado en el asiento del conductor, con las piernas hacia fuera. Inclinándose, se quitó los zapatos y sacudió la suciedad. Después de un rápido vistazo alrededor para asegurarse de que no viniera ningún coche por el camino, metió las manos bajo la falda y se quitó las medias destrozadas. Las uso para limpiar los zapatos lo mejor que pudo y luego se los puso sobre los pies desnudos.
Llevaba pañuelos de papel en el bolso. Cogiendo uno, lo humedeció con la lengua, y se frotó los arañazos hasta que las diminutas gotas de sangre desaparecieron. Eso y pasarse un cepillo por el pelo, era todo lo que podía hacer para recomponerse. De todas formas, para asegurarse, usaría el viejo truco de su infancia, haciendo uso de la escalera exterior para subir al primer piso y dando un rodeo para llegar a su habitación.
No sabía quién era aquel hombre, pero esperaba no volverlo a ver nunca más.

12 comentarios:

  1. que dis el que le toco a Bella pobre....Sigue asi...Besos..

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  2. uff!!!!
    ok.. iia llegue!!!!
    hahaha... empecemos con mis coments locos!!!
    hehehe... perdon por comentar hatsa ahorita...
    en mi blog se exlca el porq mi desaparicion...
    pero a ti no te puedo abandonar!!!
    me calaste hondo en el corazon!!!!
    hehe... mmm....
    Bella y yo tenemos algo en comun...
    la vena imprudente!!!
    haha... q valeint debio de ser ella!!!!
    maldito hombre q lastimaba a ese animal!!!
    tmbn eso tenemos en comun!!!

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  3. pero... ahhh!!!!
    anda recuerde y recuerd, q tan dificil es decirle a Edward
    coges conmigo???
    ok.. eso sono feo!!!
    hahaha.. pero de vdd!!!
    qiero algo hot!!!
    cuando viene lo bueno, bueni, buenisisismo!!!
    hehe... de por si el fic esta de wow!!!
    mmm... investigare cual es el libro, lo leere... y... wow!!!
    donde mierdas sacas taaan buenas adaptaciones??

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  4. uhh!!!
    me dio gripe!!!!
    uhhh!!!
    hahaha... mmm...
    veamos.. Bella es fuerte... para decirle a ese tipo q no maltratara al animal.. lo es!
    uff!!! n se q haria yo si me pasara algo asi...

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  5. mmm... jojjo... creo q me hace mal tar aca enferma!!!
    me tardo mucho en escribir!!!!!!
    hehe.. me tendras q eserar!!!!
    ok!!!

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  6. ok!!!!
    sabes??
    Bella es una retadora!!!
    creo q Edward la tendra dificil...
    ese hombre..
    mm... sera Dimitri?
    le hara algo a Bella? aEdward???
    ufff!!!!

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  7. mmm...
    Bella recuerda y recuerda... cuando vendra la accion???
    haha... mm.. no me creas
    lo q qiero es leer lemmon!!
    jojjo... haber si ya se decide y ya o hacen!

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  8. lo malo esq siento q el asesino s ela a hacer a Edward!!
    se vengara por medio de Bella??
    lo siento.. perdi el hilo de mis cavilaciones..
    tendre q leer otra vez el capitulo...
    estar enferma me hace mal...
    muuuy mal!!!!

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  9. no me gsta q sea tan cerrada... da cosi...
    me acotumbre a ver a una Bella imprudente...
    y dale con la vna imprudente!!!
    hahaa... iia s me qedo!!!!
    pero buee... porq Bella no se qiere abrir??
    pero no de esa forma.. de la otra forma!

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  10. uff!!!
    van 8...

    mmm...

    amo a Edward Cullen!!!
    pero este Edwrd es tan mas pendejo!!!!
    aun asi, lo amooohhh!!!!

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  11. uuuuhhh!!!
    no entiendo!
    Edward ama a Bella, no?
    pero como hermana, sin embargo... desea acostarse con ella..
    la desea...
    uhh!!!
    q... rarillo!!!... hahaha!!

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  12. oiiee!!! la de absurda vengzana cuando la continuas???
    amo el fic!!!
    jojojoj... iap!!!
    termineee!!!
    ves??
    enfema mis coments eran mas locos!!!
    tenme paciencia!!!
    hehehe... nos vemos!!!
    me voe al otro cap!!!
    bss!!!!

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