martes, 11 de enero de 2011

Mi fierecilla domada



Capítulo 36 “Mi fierecilla domada”

No llegaron a su isla hasta finales de octubre, porque Edward demoró la partida desde Santo Domingo hasta que Bella recuperó sus fuerzas. Se detuvieron en un lugar, sin embargo, para comprar lo que se necesitaba para la plantación de azúcar, porque Edward no pensaba salir de la isla durante mucho tiempo.

Anclaron el barco en una pequeña entrada, seguidos de cerca por el barco de C.S. Bella estaba en la cubierta del ‘Dama Alegre’, y el brazo de Edward rodeaba su cintura. La niñita, Renesmee, dormía en sus brazos. Bella miraba la montaña a lo lejos, porque era como si la viera por primera vez, envuelta en espesas nubes grises, pero con un rayo de sol en el centro, sentía que la montaña le daba la bienvenida a su regreso al hogar, diciéndole que sólo encontraría felicidad en la pequeña isla sonrió y se apoyó un poco más en Edward.

C.S. y Renée los recibieron antes de que llegaran a la casa. Renée dejaba escapar lágrimas de alivio, y C.S. dio palmadas en la espalda a Edward, diciéndole que, siempre confió en que su hija se salvaría, lo cual no era cierto, porque había estado horriblemente preocupado.

Renesmee se despertó con todo el ruido, y comenzó a gemir atrayendo la atención de todos. Renée tomó a su nieta de los brazos de Bella y exclamó que era una belleza. Y era realmente un hermoso bebé, con rizos cobrizos en la frente y grandes ojos verdes del mismo color del mar cristalino del Caribe.

–Se parece a su padre –comentó C.S., mirando por encima del hombro de Renée a Renesmee mientras Renée los llevaba al salón. Se volvió hacia Edward, que venía detrás con Bella–. Supe que durante un tiempo pensabas que el bebé no era tuyo –rió C.S., con un guiño en sus ojos marrones–. ¿Aún lo dudas?

–El bebé es tan mío como la madre –replicó firmemente Edward.

Renée sonrió. Veía qué orgulloso estaba Edward de que Renesmee tuviera su color de cabello y de ojos. No tenía ánimo para decirle que cuando era niña, Bella tenía los mismos cabellos de color cobrizo antes de que se tornaran castaños unos meses después de su nacimiento. Pero al menos los ojos, inconfundiblemente, eran los de Edward.

Sue vino corriendo de la cocina y estalló en lágrimas al ver a Bella con su bebé. Rosalie se reunió con ellos, trayendo a su bebé en los brazos, y Emmett, después de saludarla, bajó al sótano a traer bebidas para celebrar la llegada. Bella no deseaba apartarse del alegre grupo, pero Renesmee comenzaba a pedir su alimento. La tomó de los brazos de Renée, quien sintió pena por tener que dársela tan pronto; luego Bella comenzó a subir la escalera diciendo a Edward que no tardaría.

Edward la miró ir, con los ojos brillantes de amor. Pero entonces C.S. le puso un vaso de ron en la mano riendo con ganas.

–Te advertí que tal vez tendrías una hija, ¿verdad? –dijo C.S.–. Quizá puedes entender ahora por qué te mantenía apartado de Bella, pero tal vez sea demasiado pronto para que sientas lo que un padre siente por su hija, y además, tal vez no verás crecer a la pequeña –sonrió C.S.–. ¿Estarás aquí para perseguir a los muchachos que deseen a Renesmee, o dejarás eso a mi cargo para que cumpla con esa tarea en mi vejez?

–Estaré aquí, viejo zorro –replicó Edward, sonriendo–. Y seré peor que tú cuando se trate de proteger el honor de mi hija. Deja de preocuparte, porque hoy me casaré con ella.

–Sabía que lo harías, muchacho –dijo C.S. con una sonrisa. Luego se volvió hacia su esposa– ¿Has oído eso, Renée? ¡Se casarán hoy!

–¡Pero Bella no tiene traje de novia! –dijo Renée–. Quiero que mi hija tenga una boda que siempre pueda recordar.

–Yo me ocuparé del vestido –dijo Edward.

–Bien, entonces, todo queda arreglado.

–¡Pero hay tanto que hacer! –protestó Renée, considerando que las cosas marchaban con demasiada rapidez–. La boda puede esperar... al menos unos días... para darme tiempo...

–¡No! –dijo Edward, implacable, haciendo reír a C.S.

–Bien –suspiró Renée, haciendo un gesto de resignación. Sólo me queda ocuparme de los preparativos para la fiesta.

Entonces Renée sonrió, porque aunque ese día no era como ella siempre lo había soñado, de todas maneras era lo que su hija deseaba. Bella se casaría con el hombre elegido por ella, y era feliz. Esto era lo que importaba.

–Todo arreglado –dijo Edward al entrar en la habitación y encontrar a Bella jugando con Renesmee en la cama–. C.S. ha ido a buscar al padre. –Se sentó junto a ella en la cama, con Renesmee entre los dos, pero al mirar a Bella le sorprendió su expresión entristecida–. ¿Tienes dudas sobre si quieres casarte conmigo, pequeña?

–¡Por supuesto que no! Sabes cuánto te amo.

–Entonces, ¿por qué no eres tan feliz como yo?

–Lo soy –dijo débilmente ella–. Sólo que me gustaría llevar un traje blanco.

–Lo tendrás –replicó Edward, levantándole el mentón con un dedo–. Emmett te lo traerá enseguida.

Mientras lo decía, Emmett entró por la puerta abierta con un gran baúl que dejó a los pies de la cama. Bella reconoció de inmediato el baúl, y se volvió hacia Edward, que miraba con furia a Emmett.

–¡Te pedí que esperaras hasta que pudiera decírselo, demonios! –dijo Edward, furioso.

–Bien, su madre insistió en que lo subiera del sótano ya mismo. Dijo que era necesario extender el traje por si tenía arrugas –replicó Emmett–. Si miras a Bella verás que te preocupas por nada.

Edward se volvió hacia Bella y vio la felicidad en su rostro. Se inclinó hacia adelante y la besó con ternura.

–De manera que me mentiste al decir que habías dejado atrás mi ajuar –le regañó, con una sonrisa en los labios.

–Sólo lo hice por ti –replicó él rápidamente–. Necesitabas algo de qué ocuparte mientras estabas en el barco, y hacer nuevos vestidos era la solución perfecta.

–Pero, ¿por qué no me devolviste mis baúles después de quedarme aquí?

–¿Cómo habrías reaccionado entonces si yo hubiera hecho eso?

Ella rió, sabiendo muy bien que se habría puesto furiosa.

–Por eso la puerta del sótano estaba siempre cerrada... para que yo no encontrara allí mis baúles.

–¿Estás enojada?


–No, querido. Necesitaba un vestido, pero no quería retrasar nuestra boda para hacerlo. Tú ibas solucionado el problema. ¿Por ese motivo te negaste a darme el raso blanco cuando te lo pedí?

–No, simplemente no soportaba la idea de darte la tela para un vestido que usarías para casarte con otro hombre. Creo que entonces ya te amaba.

–Pero yo hice este vestido para el mismo fin. ¿No te molesta?

–Hiciste ese vestido para casarte con un hombre a quien nunca habías visto. Yo soy ese hombre.

Bella dejó la celebración para alimentar a Renesmee por última vez esa noche. Fue a la habitación de Renée, porque, por insistencia de la madre, Renesmee había sido trasladada a la habitación de sus abuelos por esa noche. Estaba muy despierta cuando Bella entró en la habitación, lanzando grititos desde su cuna. Como había estado despierta la mayor parte de la noche, había buenas probabilidades de que durmiera bien hasta la mañana, y Bella esperaba pasar una noche tranquila con su marido.

Alimentó a Renesmee en silencio, perdida en felices pensamientos sobre lo sucedido ese día. Recordaba qué hermosa había sido la boda, las palabras que la habían unido a Edward, la expresión del rostro de él, el amor que vio en sus ojos. Era un día que recordaría. Siempre, y aún vendrían días mejores.

Una vez que Renesmee estuvo alimentada y dormida, Bella volvió a dejarla en la cuna y cerró la puerta sin ruido. Edward se encontró con ella al pie de la escalera, y sin dar oportunidad a Bella de despedirse de los demás, la tomó de la mano y la obligó a subir la escalera hasta el cuarto de los dos. La levantó en brazos antes de abrir la puerta para llevarla adentro, y luego la cerró de un puntapié. Cuando estuvieron solos, sus movimientos se hicieron más lentos, como si deseara saborear cada segundo que pasaba con ella.

El suave golpeteo de la lluvia se oía en las ventanas, y una brisa fresca y fragante agitaba las cortinas, hinchándolas como la vela de un barco. Edward dejó a Bella en el medio de la habitación, en la oscuridad. Los dedos de él lucharon para desabotonar el vestido de bodas, y finalmente Bella tuvo que apartarle las manos para hacerlo ella misma, porque Edward era como un joven nervioso a punto de conocer por primera vez el amor.

Sin hablar, porque las palabras eran innecesarias, Edward fue a encender una única vela; luego se volvió a tiempo para ver a Bella que se quitaba su traje de raso y el resto de la ropa. Apenas podía creer que fuera ella, y que finalmente podría tenerla de nuevo. Durante el último mes, había evitado el contacto con ella para darle oportunidad de recuperarse totalmente del parto. Esperaba ese momento como si fuera la primera vez que tendría a Bella, y sonreía, pensando qué tonto había sido al tener miedo del matrimonio. Porque al tener a Bella como esposa, sabiendo que estaría ligada a él para siempre, Edward se llenaba de una inexplicable satisfacción. La amaba más allá de toda razón, y sabiendo que ella lo amaba a él, sentía una constante euforia... Nunca había soñado que podía ser tan feliz.

Al ver el resplandor de la luz de la vela en la piel de marfil de Bella parada de espaldas a él mientras se soltaba los cabellos, Edward se desvistió rápidamente, arrojando sus ropas al suelo. Cuando se volvió, quedaron fascinados por un momento, mirándose a los ojos.

–Te amo tanto, Edward –murmuró Bella. En sus labios había una sonrisa soñadora mientras anudaba sus manos alrededor del cuello de él.

–¿Entonces mi fierecilla está domada? –preguntó él burlonamente.

–Bastante –replicó ella, con sus ojos brillantes como oro a la luz de las velas–. ¿Me echarás de menos?

Los ojos de Edward brillaron de amor cuando respondió.

–Es una aventura navegar por aguas turbulentas, pero yo prefiero los mares serenos. La arpía ya no existe, y en su lugar está mi esposa.

Los labios de Edward encontraron los de Bella y la besó con fervor. Mientras su boca aún ardía contra la de ella, la levantó en sus brazos y la llevó a la cama. Allí, en un estallido de pasión que unió sus cuerpos, su amor ascendió a las alturas del éxtasis.

Fin

4 comentarios:

  1. ME ENCANTO ESTA HISTORIA ES GENIAL. DEJA A UN LADO LAS OTRAS QUE HE LEÍDO, TODAS MUY BUENAS Y ESPECIALES PERO ESTA ES MUY DIFERENTE Y ME HA FASCINADO ¡¡¡FELICIDADES A LA ESCRITORA!!!
    Atte: ROSELIZ DYPRARE
    UNA MUY GRANDE FAN!!!

    ResponderEliminar
  2. hay q linda esta este historia
    me encanto tanto
    que final tan felizz aaa

    ResponderEliminar
  3. es una historia hermosisima y me encanta el final

    ResponderEliminar
  4. Nunca me cansare de leer esta historia, es tan hermosa <3

    ResponderEliminar