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miércoles, 5 de diciembre de 2012

CAPITULO 5 “Se arrepentirá de haberme desafiado”



Después que Bella se retiró al cuarto donde las dos iban a dormir Marie hizo vigilia al pie de la cama de Jasper. Preparó la poción que iba a facilitar la retirada de las costras de sangre de los ojos del guerrero, sería un largo y delicado trabajo, pues sus párpados parecían pegados. Repetidas veces bañó los ojos de Jasper, en especial las largas pestañas, Marie quería que, cuando despertase lograse levantar los párpados sin dificultad y no se aterrorizase pensando que estaba ciego.

Se le ocurrió  que había algo  familiar en las facciones de ese caballero. Jasper tenía un mentón fuerte, que denotaba terquedad, y una arruga profunda entre las cejas, revelando un hombre con serias preocupaciones.  Su rostro era afilado, con la piel sin manchas y bronceada debido a largas jornadas bajo el sol.

Sería interesante saber de qué color eran sus ojos, y... Marie dio un salto al sentir que le apretaban la muñeca.

—No puedo abrir los ojos. ¿Dónde estoy y quién eres?

Jasper la sujetaba con tanta fuerza que Marie sofocó un gemido. Se dio cuenta que el enfermo estaba demasiado alerta para haber acabado de despertar en ese instante. Debía haber salido de la inconsciencia horas atrás, pero se había quedado muy quieto, para evaluar el ambiente en que se encontraba.

Manteniendo la calma, Marie respondió, sin preocuparse en encubrir su identidad, pues Jasper todavía no lograba ver.

— Estás en el castillo de Edward Masen. Soy Marie, la curandera, y recuperarás la visión si permites que continúe retirando la costra de sangre que hay sobre sus ojos.

Jasper no la soltó, mas aflojó los dedos de su muñeca .

 — ¿Mis ojos fueron heridos?

— No, fue un golpe en la cabeza lo que provocó la hemorragia. Cosí la herida y estarás bien si permaneces en reposo.

Sintió la vacilación, pero pronto Jasper la soltó. 

— No estoy en el calabozo del castillo Masen — murmuró. — Esta cama es blanda.

Marie volvió  a bañarle los ojos con delicadeza.

— Fue decisión de Edward.

Jasper sonrió.

Una costra más profunda se rehusaba a ceder. — Disculpa —dijo Marie. — No quiero que te duela, pero estoy cansada y un poco torpe.

— Puedo soportar cualquier dolor, siempre y cuando vuelva a ver. Por favor, continúa.

Sintiendo la vulnerabilidad de ese hombre tan grande y fuerte, el corazón de Marie se oprimió.

— Me quedaré cuidando de vos hasta que no aguante más.

—Eres un ángel, sin duda.

— Apenas una persona que cuida de los otros con sus hierbas medicinales.

— No. Tus manos son muy suaves, tu voz parece venir del Paraíso, y tu piel es delicada. Debes ser un verdadero ángel que vino a salvarme, y ansío ver tu bello rostro.    

— Podrías  asustarte —bromeó Marie.

— No, porque veré una gran belleza.

— ¿Siempre sos así de lisonjero con todas las mujeres?

— Me impresiona una inteligencia asociada a la belleza —Respondió Jasper con un bostezo.  

— Descansa. La herida de tu cabeza requiere reposo.

— No quiero volver al sueño profundo. 

— Nadie sabe que te despertaste. Por el momento estás a salvo. 

— Sólo porque vos estás a mi lado.

La voz de Jasper se iba haciendo más débil, hasta que volteó la cabeza a un lado y se volvió a dormir.    

— No te preocupes y descansa.

Pero antes de hundirse de vuelta en la inconsciencia, el guerrero susurró.

—No me abandones, Marie...

Hasta que sus ojos comenzaron a cerrarse de cansancio, Marie cuidó de Jasper. Varias veces él se movió e intentó tocarla, volviendo a aquietarse. Pensando que no despertaría hasta el amanecer, Marie se desperezó, dispuesta a levantarse. Pero pronto la mano de Jasper apretó su muñeca.

— No te vayas.

Pero antes de que pudiese calmarlo, el herido ya había vuelto a adormecerse, aunque continuaba sujetándole la muñeca. Por más que intentase Marie no logró soltarse. No quería que nadie más supiese que el prisionero ya había recobrado la consciencia. Sus párpados fueron poniéndose pesados por el cansancio. Sin otra opción, Marie apoyó la cabeza en el pecho de Jasper y también se durmió.

— ¡Suelta a mi hermana ahora mismo o sentirás mi daga perforar tu pecho!

Marie despertó oyendo la voz amenazadora de Bella y sintiendo dos brazos fuertes que vacilaban en soltarla, pero que comenzaban a apartarse con lentitud.

— ¿Cuándo se despertó? —preguntó Bella, ayudando a su gemela a levantarse.   

Marie frotó sus ojos con un bostezo.

— Anoche, y no me amenazó.  

— Mucho mejor, es bueno que continúe comportándose, o tendré que cumplir mi promesa y cortarle la garganta.

— Un ángel del demonio tu hermanita —comentó Jasper sin miedo.    

Bella se inclinó sobre la cama. —Anda sabiendo que este demonio también te tiene que cuidar, y mis manitas no son tan suaves como las de un ángel.

Jasper intentó reírse, pero pronto gimió de dolor.

— No tengo miedo. Este ángel no permitirá que me hagas mal.  

Bella levantó los ojos e hizo una mueca en señal de impaciencia, y miró a Marie. Jasper sonrió. —Tu silencio me dice que dije la verdad y que nada debo temer.

— ¿Cómo diablos haces para que las personas confíen tan rápidamente  en vos? —le preguntó Bella a Marie, apartándose de la cama.

Fue Jasper quien respondió. —El  corazón de Marie es dulce y puro. En  cuanto a vos, hay mucho odio, pero también coraje y generosidad en tu interior.

— ¿Cómo sabes eso? —preguntó Bella.

— Por el tono de las voces de ustedes. Son perfectamente distintos.   

— Menos mal que él no es Edward —comentó Marie con alivio.

— Parece que no quieren mucho a Masen —comentó el enfermo.  

— Eso no es asunto tuyo  —lo censuró Bella mientras hablaba con un dedo sobre los labios alertando a su hermana a tener cuidado con lo que decía. —Debemos irnos, Marie.

— ¡No pueden abandonarme! —pidió Jasper.  

— Claro que podemos —le informó Bella.

— Pero Marie me está curando los ojos —imploró Jasper. —No pueden  dejarme en la oscuridad.  

Marie se sentó en el borde de la cama.

— Si lo tocas, cumpliré mi promesa —Bella amenazó, enviando una mirada de censura a su gemela.  

— No me demoraré Jasper —murmuró Marie. —Volveré con la comida, te ayudaré a alimentarte y me ocuparé de tus ojos.

— ¿Cuánto tiempo tardarás?

 — Si todo sale bien, regresaré al final del día — respondió Marie. —Dejaré un paño humedecido sobre tus párpados, eso va a ayudar —. Examinó los puntos que había dado en la herida de la cabeza. —El corte está cicatrizando bien. No hay señales de infección y apenas una leve hinchazón. Con reposo pronto quedará curada.

— ¿Pensabas que no iba a sobrevivir, mi ángel?

— Estabas inconsciente. No podía prever nada.

— Aún así no desististe de cuidarme.

Marie se rió. —Bien, ese es mi instinto de curandera.

— No, es tu generoso corazón.

— ¡Basta de tonterías por el amor de Dios! —dijo Bella. —Debemos  irnos.

Marie colocó el paño húmedo sobre los ojos de Jasper.

— No me demoraré.  

Bella la agarró por el brazo y la hizo salir del cuarto velozmente. —Edward nos aguarda para el desayuno  —murmuró como si hablase con una niña terca. Marie se detuvo antes de que bajasen las escaleras.

— No sé si es prudente contarle que Jasper despertó. 

— Edward tiene derecho a saber que su enemigo está consciente. Puede ser que cuando Jasper recupere la visión se torne peligroso. Sé que le tomaste cariño pero Edward tiene razón cuando dice que Jasper actuó mal al atacar sus tierras.            

Marie pensó un poco y tuvo una idea—: Voy a decirle a Edward que Jasper comenzó a balbucear y moverse, y que podrá despertar en breve.

— Muy bien. Cuando él recupere la vista se lo contarás a Edward o se  lo contaré yo.

— De acuerdo —replicó Marie, satisfecha. —Apúrate, porque tengo hambre.  

Bella la miró con expresión extrañada. —Nunca te oí decir eso. Pero es bueno, porque yo también podría comerme un buey entero.

Con un movimiento brusco, desafió a su hermana a una carrera, y ambas llegaron al salón principal lanzando grandes carcajadas.

Edward las saludó con una inclinación de cabeza y volvió a dirigirse a Emmett, sentado a su lado.

Las gemelas fueron dejadas en paz para comer y conversar a solas.
De hecho Marie comió más de lo habitual, dudando que tuviera tiempo de alimentarse otra vez hasta el anochecer. Necesitaba cuidar a Jasper, y cuando él estuviese durmiendo iba a verificar la situación de los otros prisioneros heridos.

— Cálmate —susurró Bella. —Pareces lista para salir corriendo.

— Tengo mucho que hacer —retrucó Marie en el mismo tono de voz.

— Seguro, Edward hizo planes para nosotras. Dejó bien en claro para mí que planea descubrir quién es quién, por eso debemos ser extremadamente cautelosas con todo lo que hacemos o decimos. Vos te manejas mejor con él que yo, y ya que no consigue diferenciarnos, no sabe con quién está hablando. Bastará con que continuemos de vez en cuando confundiéndolo, actuando como la otra actuaría.

— ¿Y cómo le vamos a hacer cuando se quede a solas conmigo? —Marie bajó la voz de modo que sólo su hermana la oyese—: Porque tal vez Edward sienta, en tu presencia, una atracción que no le pasa conmigo. Además, me parece bien que vos lo pongas a prueba, pues tal vez acabes por considerarlo un buen candidato.

— Yo busco amor y Edward no —le recordó Bella.

— Señoritas —Interrumpió el anfitrión, haciéndolas estremecer. El lord Masen se levantó y se aproximó lentamente, con una sonrisa maliciosa en los labios y un brillo demoníaco en la mirada. Bella reaccionó pronto sonriendo también.

— Es una bella mañana para pasear. ¿Cuál de las dos me acompañará?

Sin darles tiempo de responder extendió la mano hacia Marie, Bella sintió el pánico de su hermana, aunque esta se dominase muy bien. 

Edward no notó la sonrisa forzada ni la mirada que ella le dirigió a Bella, pidiendo socorro. Con presencia de espíritu, Bella trató de distraerlo. —Qué bueno que escogiste a mi hermana. Yo ya pasé  demasiado tiempo a solas en tu compañía ayer.

— Ambas hacen muy bien ese juego. Admiro a oponentes inteligentes —replicó Edward, ofreciéndole la mano para que se levantase, y aproximando su rostro de modo amenazador. —Quizás, pueda besarla otra vez hoy —murmuró Edward astutamente.

— Ya te dije ayer que estás siendo muy arrogante al pensar que yo deseo retribuir tus besos.  

La respuesta inesperada y ágil de Marie hizo que Bella respirase con alivio. Su hermana había vuelto a confundir al guerrero.

De inmediato, Edward soltó la mano que sujetaba y miró a Bella con expresión confusa.

— ¡Mierda! ¿Quién es quién?

Bella contuvo la risa que afloraba en sus labios. Se sentía muy   contenta cada vez que confundían a Edward, haciéndolo dudar de sus propias elecciones. Con expresión consternada, murmuró—: Tengo un enfermo que cuidar.

— Creo que no —replicó Edward, apartándose de Marie—. Vos serás quien me acompañe en el paseo.

— ¿Estás seguro? —preguntó Bella—. Pareces muy indeciso hoy.

— Se están burlando de mí, pero no triunfarán en su intento. Sé a quién estoy invitando a pasear. —Edward finalizó en tono decidido.

— ¿Y quién será? —desafió Bella sin perder el aire serio y recatado.

Con un gesto rápido, Edward le tomó la mano—. La gemela que se arrepentirá de haberme desafiado.

lunes, 6 de junio de 2011

Deseos

Capítulo 4 “Deseos”

Edward llegó a su casa para descubrir que nada malo le había sucedido a su castillo o a los miembros del clan. Entonces cuestionó la veracidad del mensaje que había recibido. Si Jasper había atacado sus tierras, ¿por qué no había indicios de daños?

Quería respuestas, pero primero iba  a interrogar a los tres prisioneros que había traído, incluyendo Jasper.

Los otros tenían heridas en las piernas y no habían podido escapar como los demás. Se curarían, y probablemente Edward los dejaría volver a sus hogares. Pero la situación con Jasper era diferente.

Un clima de celebración flotaba en el aire mientras hombres y mujeres del clan saludaban a los guerreros victoriosos que retornaban al hogar. Esposas de brazos abiertos daban la bienvenida a sus maridos, niños corrían para estar al lado de sus padres, y levantaban sus cabecitas con miradas de admiración, al tiempo que todos le sonreían con orgullo a su valiente líder, Edward Masen.

El jefe del clan agradecía las felicitaciones mientras observaba las miradas curiosas que convergían hacia las gemelas. El clan sabía que él había partido a buscar una esposa y volver casado, pero las novedades pronto correrían de boca en boca con la velocidad del viento, y en breve todos estarían al tanto de la charada sobre la identidad de Bella y Marie.

Edward vio a las dos desmontar, una se arrodilló, preocupada por Jasper, y la otra se apostó a su lado. Había esperado notar alguna diferencia entre las dos, por menor que fuese, pero ellas parecían idénticas en todo, e intentaban imitar el carácter una de la otra, deliberadamente para confundirlo todavía más.

Las dos tenían cabellos largos y ondulados, de un color castaño brillante. Los ojos de ambas eran cafés como el chocolate, y sus labios parecían cerezas  maduras. La tez era muy clara y suave, ambas levantaban el mentón cuando se sentían amenazadas, y tenían lo misma sonrisa vivaz y alegre. Físicamente, eran idénticas.
Las dos mujeres eran deslumbrantes.

Ordenó a dos de sus hombres que lo siguiesen mientras se aproximaba a Bella y Marie.

—Una celda aguarda a Jasper y a sus guerreros en la parte subterránea de mi castillo —les avisó desde lo alto de su caballo.

Marie no lo miró, mas replicó:

—Entonces me quedaré allá con él.

—Y yo acompañaré a mi hermana —remató Bella.

—Las dos se quedarán a donde yo determine —dijo Edward.

Marie que estaba arrodillada, se levantó con una fuerza que casi derribó a su hermana al aproximarse a Edward.

— ¿Cómo puedes ser tan impiadoso, y condenar a un moribundo a la mazmorra?

— Jasper es mi enemigo y se condenó a sí mismo cuando invadió mis tierras. —Terminó Edward dando la vuelta y dejándolas ahí.

Más tarde en la mazmorra del prisionero, las gemelas seguían planeando su estrategia para atender a Jasper, y al mismo tiempo confundir a Edward.

—Hermana, esta noche yo cuidaré de Jasper y tú la siguiente, ¿te parece? —dijo Marie.

—Pos supuesto, Edward pensará que queremos confundirlo de nuevo, y continuará desorientado.

—Y vos tendrás tiempo para comer más —bromeó Marie. Bella suspiró, deleitada.

— La idea es maravillosa, pues me estoy muriendo de hambre.

— Voy a necesitar más velas, un balde con agua y trapos limpios —pidió Marie—. La chimenea necesita más leña. No quiero que este cuarto esté helado.

Bella trató de colocar más leña en el fuego.

—Voy a buscar velas, agua y trapos limpios, pero recuerda Marie, que debes estar lista para la cena y en determinado momento debes mostrar prisa para volver a ver a  Jasper.
—Sí. Nosotras somos tercas, Bella, pero Edward tiene fama de siempre lograr lo que quiere, y está determinado a casarse con una de nosotras.

— ¿Crees que no podremos vencerlo?
—Tal vez sí. Esta noche, cuando estés a solas con él, trata de descubrir lo máximo posible respecto a él. Después tendremos que compartir toda la información que consigas.

—Venceremos, Marie. Nadie nos va a separar.

—Sí, pero... ¿será una victoria dulce o amarga?

Las gemelas entraron en el gran salón. Habían tomado un baño, se habían librado del polvo y la sangre del viaje, y se habían puesto ropas limpias. Ambas usaban faldas verdes y blusas color crema. Sus mejillas estaban rosadas, sus largos cabellos amarrados sobre sus espaldas.

Ambas se aproximaron a la mesa principal.

— ¿No están celebrando la victoria? —preguntó Bella, parándose delante de  Edward y mirando a su alrededor—. Esperaba encontrarte con una jarra de cerveza levantada celebrando con tus hombres.

—Sin duda, vos sos la que no tiene pelos en la lengua —comentó con una sonrisa el hombre sentado al lado de Edward.

—¿Quién sos? —preguntó Marie.

—Emmett —respondió él, levantándose con caballerosidad.

Edward hizo las presentaciones.

—Emmett es un gran amigo y se convirtió en padre hace poco tiempo.

— ¡Qué maravilloso! —exclamó Bella—. ¿Niño o niña?

Emmett sonrió, llenando su pecho con orgullo.

— ¡Un varón!

—Felicitaciones —dijo Marie con sinceridad.

— ¿Y a quién se lo debo agradecer? —preguntó Emmett, provocador.

—La elección es tuya, Bella o Marie.

—Entonces les agradezco a las dos y espero llegar a conocerlas bien. —Emmett tomó una manzana de una fuente.

—Debo irme. Aprovechen la cena, y buenas noches. Mi esposa todavía no se recupera del parto y está muy débil.

Entonces Edward se quedó a solas con las gemelas. El líder había dado instrucciones para no ser molestados ni por los criados, por lo tanto la mesa ya estaba servida con toda la comida, cerveza y vino.

Quería concentrarse en las gemelas y en nada más. Seguramente ellas ya habían comenzado a cansare de la broma y del esfuerzo que hacían para confundir a todos. Eso era una ventaja para él, Edward pensaba. Esperaba salir victorioso dos veces en el mismo día.

Mientras hacía sus cálculos, Bella y Marie se sentaron en el banco de enfrente. Ambas levantaron sus jarras al mismo tiempo, mientras Edward les servía vino.

—Fred me contó que fueron a vivir con su clan hace diez años —comenzó a decir el líder—. Cuando tenían once años.

—El  padre de Fred, Raoul, era nuestro tío y se ocupó del funeral de papá. Fue a él que mi madre le reveló que estaba enferma. Tío Raoul le prometió que se haría cargo de nosotras —explicó Bella.

—Lamentamos también que tu padre haya fallecido —murmuró Marie.

Edward asintió.

—Lo extraño. El me  enseñó todo lo que sé.

— ¿Y tu madre?

—Ella también murió, hace un año. Todos lamentan su pérdida.

— ¿Tienes hermanos? —quiso saber Bella, mordisqueando un pedazo de pan.

—No, soy hijo único.

— ¿Es por eso es que quieres tener muchos hijos? —preguntó Marie.

—Mi sangre continuará en el clan de los Masen.

— ¿Y en el caso que sólo tengas niñas? —insistió Bella.

Edward sonrió.

—Estoy seguro que tendré hijas... e hijos.

— ¿Y si tu esposa no quisiera tener una prole numerosa?

—Una buena esposa hace lo que su marido le ordena.

—Menos mal que no dijiste una esposa “obediente” —se burló  Bella, atacando un pedazo de queso.

—Debes ir a ver a Jasper —murmuró Marie, cortando una manzana y mirando a su  hermana de modo deliberado.

Bella sacudió la cabeza.

—No. Es tu turno.

Marie fingió irritación.

—Ya estuve mucho tiempo al lado de él. Te toca a vos.

Edward levantó a mano.

—Paren de discutir. Una deberá ir, poco me importa cuál de las dos, no quiero participar más de la charada de las gemelas por el día de hoy.

—Yo voy, entonces —dijo Marie, fingiendo sentirse molesta.

Se levantó de mala voluntad, se robó una manzana, como si todavía tuviese hambre, y saludó a los dos.

Cuando Edward y Bella se quedaron a solas, el guerrero continuó la conversación—: ¿Planeas ser una buena esposa?

—Sí, si amo a mi marido.

Edward hizo una mueca.

— ¡La manía de las mujeres! ¡El Amor! Los juglares escriben tonterías poéticas sobre el amor y cantan melosas canciones, y las muchachas tontas se quedan aguardando la llegada del príncipe azul. —Edward apoyó los brazos sobre la mesa y miró a Bella—. Yo prefiero a una mujer fuerte, valiente, honesta y con los pies bien plantados en la tierra. Una mujer que esté a mi lado en una batalla, si es necesario, y que pueda darme hijos saludables que den continuidad a mi estirpe.

— ¿Y el amor?

—El coraje de enfrentar la vida juntos es amor.

Bella juntó sus manos.

— ¿Entonces eres poeta también?

— ¡No me insultes! —bromeó Edward.

—Estoy hablando con franqueza, como vos. Dejaste en claro lo que deseas de una esposa. Debes haber tenido muchas candidatas.

Los ojos de Bella brillaban como dos piedras preciosas, y Edward se sintió  tentado de besar esos labios rojos.

— ¿Estás preguntando si fuiste mi primer elección? —murmuró el guerrero, jugando a sacar verdad de mentiras.

Pero ella no cayó en la trampa.

—Claro que no, Bella es la candidata perfecta para llenar tus requisitos.

Edward dejó escapar una carcajada.

—Tienes razón. Todos los clanes me ofrecieron candidatas a esposa, pero Bella fue la candidata que más me interesó. Su reputación es famosa en la región.

— ¿Qué reputación?

—Oí decir que es una excelente amazona y cazadora. Sabe manejar casi todas las  armas tan bien o mejor que muchos hombres, y protege a su hermana como una leona protege a sus crías. Y entonces me di cuenta que sería una buena madre, es el tipo de mujer con quien quiero casarme.

Bella dominó su orgullo y replicó con aire serio:

—Pueden ser sólo cuentos y no la verdad.

—No, fueron muchos los comentarios y sólo pueden ser verdaderos. —Edward sonrió—. En particular, me gustó la historia de un joven que desafió Bella a una competencia de arco y flecha. El joven le dijo que vencería y que quería la mano de Marie en matrimonio como premio.

—Fue muy estúpido.

—Sí, porque Bella lo venció, y él la acusó de haber hecho trampa. Y Bella le dio una buena zurra.

Edward se rió.

—Tu clan cuenta esa historia con mucha gracia y orgullo. Cuando ese joven quedó caído en el suelo con la nariz sangrando, Marie corrió a ayudarlo.

—Es lo que hace una buena curandera con cualquiera que esté lastimado. Pero Marie dejó claro que no lo desposaría.

—Eres linda —murmuró Edward, desviando la conversación de modo súbito.

Sorprendida, Bella no respondió.

—Las historias que he oído también hablaban de la belleza de las gemelas, y muchas aseguran que los cabellos castaños con destellos rojos de Bella le dan la pasión por la lucha, y los de Marie le inspiran atracción por la curación. —La miró  intensamente—. Me pregunto cuáles son las otras pasiones de Bella...

Estática, ella lo vio inclinarse sobre la mesa, sujetar su mentón y aproximar los labios.

Bella se estremeció como si le hubiesen arrojado un balde con agua fría, y se apartó un instante después de que los labios de Edward la tocasen. 

— ¡Sos muy presuntuoso y atrevido Edward Masen!

—Solamente quería robarle un beso a mi futura esposa.

— ¡No  juegues conmigo! ¡Si piensas que besándonos vas a descubrir nuestra identidad, estás muy equivocado!

Agarró una manzana y comenzó a pelarla con tanta energía que casi la partió en dos.

 — ¿Por qué crees que pensé en el beso como método para descubrir quién es quién?

Bella apuntó el cuchillo en su dirección.

—Las reacciones revelan mucho sobre las personas.

—Tienes razón, y tu reacción en este momento es de rabia, lo que te asocia más a Bella que a Marie.

En respuesta, Bella atacó la fruta con más fuerza, soltando un grito al sentir la hoja del cuchillo herir su mano. Pero cuando Edward intentó ayudarla, ella retrocedió.

—Sé curar mis propias heridas, gracias. —Al verlo fruncir el ceño, sonrió, aprovechando la oportunidad para confundirlo—. ¿Ahora mi reacción te hizo recordar a Marie? Ten cuidado, Edward, pues puedes meterte en un gran lío escogiendo a una de nosotras dos.

Bella se levantó y dejó el salón, pasando al lado de los centinelas que dormitaban,  hasta llegar al cuarto que había sido destinado a Jasper Cullen.

Marie levantó la  vista de las hierbas que preparaba en el fuego de la chimenea, mientras Jasper permanecía inconsciente en la cama. Bella levantó la mano herida, y su hermana corrió hacia ella.

— ¿Qué pasó? —preguntó con voz ansiosa.

— ¿Sabes lo que él hizo?

— ¿Te atacó con un cuchillo?

—No, yo misma me herí, pero fue culpa de él.

—Debe haberte hecho enojar mucho, puesto que no sueles cortarte con cuchillos.

—En verdad, fui una tonta, Marie.

— ¿Qué sucedió?

—Edward me besó. Pero no fue el beso lo que me enojó, sino la intención de él, —Bella miró a Marie con un brillo furioso en sus ojos marrones—. ¡Quería ver mi reacción!

—Entonces fue todo premeditado...

—Edward no quería besarme de verdad, sólo descubrir cuál de nosotras dos era yo.

— ¿Y a vos te hubiese gustado que él te besase porque se sentía atraído...por vos en especial?

— ¡Nada de eso! —Bella miró a su hermana quien la encaró con expresión divertida.

—Yo... bien, me sentí excitada con el contacto de sus labios. Fui una idiota. Estaba loca al recibir mi primero beso, pensé que Edward...quería besarme por ser... porque soy yo...

—Bella, tienes derecho a desear un beso.

— ¡Pero no tengo derecho a ser imbécil! Y vos, Marie, como ya fuiste besada  ya sabes cómo reaccionar.

— ¡Bah! Unos besitos de unos muchachos inexpertos de nuestro clan.

—Pero lo suficiente para que te sintieses deseada como mujer. Yo jamás conocí esa sensación.

— ¿Quieres que Edward sienta ganas de besarte porque sos Bella?

— No... ¡Sí! —Bella levantó las manos en un gesto de desesperación—. Ya te dije, soy una idiota.

— ¿Por qué  no besarlo?

—No tengo la menor intención de casarme con él.

Marie sonrió, lanzándole una mirada maliciosa.

—Es un hombre guapo y un excelente guerrero. ¿Por qué no concederle un beso para poner a prueba sus sentimientos?

— ¿Y si me gusta? —preguntó Bella—. ¿Qué va a suceder?

—Eso dependerá de vos.

lunes, 9 de mayo de 2011

Las dos vendrán conmigo

Capítulo 3 “Las dos vendrán conmigo”

El líder miró al mensajero con el ceño fruncido, y todos sus hombres se pusieron de pie, listos para partir. Edward se volvió hacia Fred:

—Partiré en pocos minutos. Apura a las gemelas. Las dos irán conmigo. Cuando descubra cuál de ellas es Isabella, me casaré con ella y enviaré a Marie a tu castillo.

Antes que tuviesen tiempo de rehusarse o incluso de razonar, Bella y Marie se vieron cada una sobre un caballo. Sus pocas pertenencias personales habían sido embaladas velozmente con la ayuda de algunas mujeres del clan, Isabella había agarrado la cesta con medicinas de su hermana antes de dejar los aposentos.

En seguida fueron colocadas en medio de la comitiva de los Masen, y emprendieron el viaje una al lado de la otra.

—Obtuvimos una victoria en nuestra primera confrontación —murmuró  Bella.

—Sin duda, pero Edward no se dio por vencido, nos hace acompañarlo de vuelta a su casa. Es un guerrero y quiere vencer.

—Así como nosotras. Si lo mantenemos confundido, se sentirá frustrado y acabará desistiendo y nos mandará de vuelta a casa.

—No concuerdo —dijo Marie. —Es terco y siempre consigue lo que quiere.

—Entonces deberemos estar vigilantes todo el tiempo.

—Y ser pacientes —agregó Marie. —Será precisa mucha paciencia para derrotar a Edward.

—Yo puedo ser paciente —aseguró Bella. —Sólo me enfurezco con los idiotas.
—Veo que la comida escasa te puso de mal humor —replicó su hermana.

La súbita presencia de Edward las interrumpió. El fabuloso alazán negro del líder relinchó y agitó sus crines mientras se aproximaba a la yegua gris de Bella.

—Oí decir que Isabella es una excelente cazadora, experta en el manejo de varios tipos de armas y que Marie es una curandera maravillosa.

— ¿Y piensas identificar nuestras identidades de esa manera? —retrucó Bella, en tono de acusación.

Edward no fue menos agresivo en su respuesta:

—Sus identidades quedarán reveladas en cualquier momento. Nuestros clanes quedarán unidos por el matrimonio, y no hay nada que puedan hacer para evitar eso.

— ¿De verdad lo crees? —preguntó Marie.

—No tengo tiempo para ese tipo de discusión. —El líder miró a las gemelas. —Si sus habilidades con armas fueran necesarias, traten de usarlas.

— ¿Quién es Jasper? —quiso saber Bella, ignorando el comentario.

—Jasper Cullen es un líder vikingo escocés que alega que parte de mis tierras le pertenecen. Se trata de una disputa que se arrastra desde hace años. Pero esta es la primera vez que me ataca.

—Y sin duda continuarás venciendo —comentó Bella.

—Conservando lo que es y siempre será mío —retrucó Edward, apartando su caballo de Bella. —Recuerden eso y estén alerta. Jasper es imprevisible.

Diciendo eso, giró su caballo hacia el otro lado y gritó una orden a uno de los hombres.

—Es un guerrero guapo y valiente —comentó Marie.

Bella giró a cabeza con ímpetu.

— ¡Si piensas eso, cásate con él!

—No planeo casarme, sólo hice esa observación de Edward mientras   conversaba con nosotras. Sus facciones son agradables, y a pesar de su altura, él no intimida... Al contrario, es como se infundiese protección. Sin duda sus hombres deben sentirse seguros bajo su liderazgo.

—Puedo imaginar que se sientan seguros —replicó Bella con ironía —pero el problema es saber si una mujer puede confiar y sentirse a salvo con Edward Masen. En cuanto a vos, hermanita, no estás interesada en el matrimonio, pero el amor puede cambiar tu punto de vista.

—No creo que eso suceda —retrucó Marie con una firmeza que hizo que su hermana arqueara las cejas. —Me niego a remplazar mi trabajo por el amor, pero si sucede, que sea con un hombre que se interese por lo que hago. Y pocos hombres tienen propensión a curar a los enfermos.

—Entonces encuentra un curandero y sean felices para siempre.

Bella se rió, pero Marie permaneció seria.

Viajaron hasta el final de la tarde, bajo un clima de cautela y tensión. Los guardias se apostaron alrededor del campamento, y varios hombres desaparecieron entre las sombras de la noche, asegurando mayor protección.

Bella se sintió frustrada cuando no sirvieron comida, y se preguntó cómo lograría dormir con el estomago vacío. Casi abrazó a su hermana, totalmente agradecida, cuando ésta le entregó un pedazo de pan con queso, al acomodarse, junto al fuego.

—Sabía que tendrías hambre.

—Dios te bendiga —murmuró Bella, dando una mordida al pan.

Cerca del amanecer, todos comenzaron a prepararse para proseguir el viaje.

Marie le informó a Bella que los hombres comentaban que alcanzarían las tierras de los Masen hacia el mediodía, y que muchos aguardaban un ataque antes de llegar al castillo.

—Ese tal Jasper anticipó o forzó la llegada de Edward. —Comentó Bella, mientras montaba. —Debes estar alerta, con el arma al alcance de la mano.

—No soy tan buena con las armas, hermana —replicó Marie, temerosamente.

—Pero sabes lo suficiente como para  defenderte. En caso que ocurra un ataque, busca refugio lo más rápido posible, yo no dejaré que nada te suceda. —Marie asintió, y pronto prosiguieron camino.

Era un lindo día, sin una nube en el cielo. El perfume a pino y menta  impregnaba el aire, y parecía que el verano se rehusaba a irse para dar lugar al otoño. Recorrieron un camino que se había hecho transitable después de que muchos viajantes lo hubiesen cruzado, estableciendo una huella. No había piedras, y el suelo estaba liso y firme. Árboles ladeaban uno de los costados del camino, y una extensa pradera podía ser vista más allá, rodeada por pequeñas colinas. En el  lado opuesto, se veía follaje denso con algunas rocas aquí y allá.

—Me gustaría que hubiese tiempo para buscar hierbas en el bosque —comentó Marie con los ojos brillantes.

— Ese es un buen lugar para que Jasper se esconda con sus hombres —recordó Bella. —Y Edward sabe eso. Observé como comanda a sus caballeros, como analiza cada punto a su alrededor. Es un guerrero astuto.

—Entonces lo admiras —la provocó Marie.

Bella se encogió de hombros.

—Bien, no puedo ignorar su habilidad, y de hecho es una figura imponente sobre su caballo. Cabalga con los hombros derechos, todos pueden ver eso, y carga las armas de modo que pueda usarlas con presteza. Está preparado para cualquier imprevisto, difícilmente será tomado de sorpresa.

Marie miró a su alrededor.

— ¿Crees que nos están observando en este momento?

Bella lanzó a su hermana una mirada de advertencia.

— ¿Te parece sensato dar la impresión de que tienes miedo, mirando a  cada rato en busca de enemigos?

Marie dejó su cabeza colgar, suspiró y volvió a levantarla.

—No soy buena con las armas.

Bella sonrió.

—No estoy de acuerdo. Sabes manejar una aguja de hueso para  coser. Y una aguja puede ser un arma.

—Es verdad —admitió Marie, también sonriendo.

—Ya discutimos respecto a eso  —prosiguió Bella seriamente. —Busca refugio lo más rápidamente posible, que yo haré el resto. Después de la lucha, tus habilidades curativas serán muy necesarias.

—Yo me preocupo por vos.

—Y yo por el hecho que vos no te protejas. Si no te proteges, ¿quién va a cuidar de mis heridas? Cada una tienes sus talentos, y es mejor que los usemos con sabiduría.

—Soy tan feliz junto a vos, Bella...

—Yo también. Y permaneceremos juntas. Nadie, absolutamente nadie nos va a separar.

Entonces se oyó un rumor, semejante al rugido de un animal herido, y un segundo después una horda de guerreros envistió contra la comitiva de Masen.

— ¡A las rocas! —le gritó Bella a su hermana, mientras empuñaba la espada.

Marie sacó un cuchillo de su bota, se apeó, sabiendo que la yegua estaba entrenada para buscar refugio durante una batalla, y corrió al medio del matorral.

Bella entró en lucha mientras que Marie se protegía, y enfrentó a los enemigos. Manejaba la espada con pericia derribando caballeros de sus caballos como si fuesen insectos, aun cuando ellos intentaban tirarla de la montura. Había entrenado muy bien a su yegua para la batalla, y el animal permanecía calmado ante cada movimiento de comando.

Cuando todo terminó, minutos después, Edward examinó la escena de combate. Pocos de sus hombres habían sido heridos, mientras que tres de los hombres de Jasper Cullen yacían en el suelo, ensangrentados y gimiendo, mientras los demás habían escapado. Sintió alivio por saber que no necesitarían cavar tumbas para sus hombres ese día, y mucho menos para su futura esposa.

Al principio, había pensado en proteger a la gemela que había visto sobre el caballo luchando como una tigresa, pero pronto se dio cuenta que era una guerrera experta. “Era eso lo que buscaba en una esposa”, pensó Edward. Una guerrera de verdad. La otra se había protegido detrás de una roca, por lo tanto debía ser Marie. Entonces, ¿finalmente había identificado a Isabella?

Edward comenzaba a creer que si, cuando vio la otra gemela salir de su escondrijo, cargando a uno de sus guerreros con la pierna herida ya cubierta con vendajes. Ella lo acostó sobre el pasto con delicadeza y corrió a ayudar a los otros heridos.

La sangre  manando y los gritos agonizantes no parecían asustarla, pues corría de un lado al otro, atendiendo los cortes y las heridas, haciendo curaciones improvisadas, rasgando tiras del borde de su falda marrón para usar como vendajes.

—Ahora ya sabe que ambas somos valientes —dijo Bella, haciendo que su yegua se parase al lado de Edward.

—Sí, ambas saben luchar, pero de modo diferente —replicó él con admiración. —Tal vez no importe, después de todo con cuál de las dos me case.

Bella sonrió.

— ¿Te parece que no? Exigiste con tanta vehemencia, determinadas y específicas  características que posee una de nosotras, ¿y ahora ya no te preocupa con cuál de las dos casarte? ¿Vas a contentarte con menos de aquello por lo que negociaste tanto?

Diciendo eso, apretó los flancos del caballo y se apartó, haciendo sonreír a Edward. La joven era inteligente y perspicaz, estaba claro que sabía muy bien que él no aceptaría otra que no fuese la mujer que le había sido prometida. Pero, ¿cuál de las dos sería? Con tanta confusión ya había perdido de vista a quien había luchado contra los hombres Cullen y a la que se había escondido...

— ¡Jasper fue capturado! 

El grito llamó la atención de todos, y Edward condujo su corcel hasta el herido en el suelo. Vio a uno de sus hombres apartar con un empellón a la gemela que se aproximaba para atender a Jasper, pero ella no retrocedió, le dio un  golpe en el estomago del hombre, quien cayó de rodillas al lado del líder de los Cullen.
Mientras que el soldado de Edward volvía a levantarse, Bella se aproximó y apoyó  la hoja de la espada en su cuello.

—Toca a mi hermana otra vez, y serás vos quien va a necesitar vendajes.

—Guarda el arma —ordenó Edward, apeándose, y sujetando la muñeca de Marie. —No pierdas el tiempo con Jasper.

Marie se libró con un tirón.

—Está muy herido y precisa cuidados inmediatos.

—Poco me importa —retrucó Edward. —Atacó a mi clan y está sufriendo las consecuencias.

—No puedo dejarlo morir cuando tengo medios para curarlo.

— ¿Para qué después yo lo mande a la horca?

—No. Esperando que seas caritativo y tengas algo de sentido común para poner fin a esta guerra estúpida sobre tierras.

—Lucho para proteger lo que es mío —replicó Edward con rabia.

— ¿Y él? —atacó Marie. — ¿Jasper no está haciendo exactamente lo mismo que vos? ¿Defender lo suyo?

—Es mi enemigo.

—Pero no es mi enemigo.

Diciendo eso Marie volvió a arrodillarse para atender al hombre inconsciente.

—Partiremos pronto, primero voy a verificar las condiciones de mis hombres. —le avisó Edward. —Si Jasper no puede viajar, se quedará acá.

Volvió a montar el caballo, y sus guerreros lo siguieron. Marie continuó mirando a  Jasper, pero le murmuró a Bella.

—Ya sabes lo que tienes que hacer.

 —Sí.

Diciendo eso, la gemela guerrera corrió a preparar una litera con ramas de árboles.

Marie continuaba tratando a Jasper quien todavía estaba inconsciente.

— ¿Cómo está él? —preguntó Bella, aproximándose después de terminar su trabajo.

—No tengo certeza. Tiene una herida en la cabeza, que ya suturé, pero de manera precaria. Espero que no se infecte.

—Hiciste lo que pudiste.

—Haré más cuando lleguemos al castillo de Edward.

—Si él lo permite —le recordó Bella.

Marie levantó la cabeza, y sus ojos brillaron de modo desafiante.

— ¿Desde cuándo las gemelas sólo hacen lo que les permiten hacer? Cuidaré de este hombre a pesar y por encima de Edward Masen.

—Dudo que cualquier persona del clan mueva un dedo para ayudar a su enemigo.

—No me importa. Las dos ya hemos cargado a un hombre mucho más pesado que este.

Bella no replicó, pues sabía que Marie se refería al padre de ellas.

Colocándolo sobre una manta, ellas lo habían arrastrado hasta una cama improvisada junto al fuego, y Marie había hecho su primera tentativa de cura.

Jasper tenía la misma estatura que Edward, y aunque fuese más delgado, su cuerpo era puro músculo.

Era difícil distinguir las facciones del rostro cubierto de sangre. Marie lo había limpiado lo mejor posible, pero todavía había costras alrededor de los ojos, la nariz y la boca. Sería necesario hacer una limpieza profunda, pero ese era el menor de los problemas por el momento. Pocos sobrevivían a una herida en la cabeza, al viaje accidentado, y los movimientos bruscos del transporte.

Marie cubrió a Jasper con su propia manta, y ayudada por Bella, lo acomodó sobre la litera improvisada, antes que Edward estuviese listo para partir.

—Edward no parece contento —la alertó Bella, al verlo aproximarse.

Marie acababa de acomodar a Jasper de la manera más confortable posible, y se dio vuelta para ver al líder mirándola desde lo alto de su caballo. A continuación él miró a Bella.

—Escúchenme con atención, pues mi palabra es ley. Jasper selló su destino cuando atacó mis tierras. Están intentando salvar a un hombre que ya está muerto.

Diciendo eso, se apartó para dar las órdenes de reiniciar el viaje.

Marie montó su yegua.

—Ese hombre no tiene corazón. Es bueno que no tenga que casarme con él, Bella.

—Es terco.

Trataron de acompañar al grupo que, esa vez, las dejó al final de la comitiva.

—No me digas que comienzas a hallar atractivo a Edward Masen —protestó Marie.

—Me resulta interesante.

—No. Lo ves como un desafío.

—Un verdadero hombre debe ser desafiante —insistió Bella. —No soportaría tener a mi lado a un hombre sin pelotas, y que me considerase intimidante. Edward es más que un simple desafío. —Bella sonrió astutamente. —Y yo sé mucho sobre desafíos.